malas hierbas

2006/07/31

una vez tuvo un jardín. el tipo urbanita, el que se crio en el asfalto y al que el campo nunca le atrajo, tuvo un jardín. la verdad es que nunca llegó a serlo. un poco de césped mal crecido, ralo y con calvas acá y allá.

un día se dispuso a arrancar algunas malas hierbas. y comprendió por qué sobreviven en ambientes hostiles. uno ve, sobresaliendo, tímida, una pequeña ramita entre verde y amarilla, y resulta que, bajo tierra, la raíz es larga y profunda, varias veces su tamaño.

la tristeza es una mala hierba. por eso aunque corte lo que sobresale siempre quedan ganas de llorar. la raíz siempre se queda dentro. aunque lo cubra de reconocible y seguro asfalto.

fabulas, camellos y montañas

2006/07/05

por el sonido ya lo sabes, reconoces los pasos; por el perfil y el aroma también, y no es un esfuerzo, es intuitivo, asimilado. bastan tres décimas de segundo y tu cerebro ha reaccionado por ti; no es necesario pensar, como corresponde a las sensaciones, a las intuiciones. te vuelves, y sabes lo que vas a ver, lo que vas a tener. quizás eso es bueno, quizás es, simplemente y por una vez, lo esperado.

cuando subía, hace años, al monte por caminos desconocidos, acostumbraba a beber en las fuentes potables que encontraba, y a llenar cantimploras o botellas con el preciado líquido. en mi ignorancia, nunca sabía dónde podía encontrar la siguiente, y si necesitaría antes el remanente líquido, dentro de mi cuerpo o envasado. acaparaba, como un camello en el desierto, nada más.

y qué es la vida, sino el cruzar de un camello por el desierto.

por eso, hoy, según subo la montaña, sigo llenando las cantimploras. según avanzo en el desierto, inflo mis gibas. para cuando no haya, como buen nacido en tierra adentro, tierra de sembrados. y, si ese día llega, me podré reír de las fábulas.

por una vez la cigarra y la hormiga habrán sido el mismo personaje.