alternancia

2008/04/24

a veces soy. y a veces no soy. a veces me diluyo, y a veces encuentro placer en diluirme. soñé, tantas veces, o no, con ser firme como el tronco de un pino que ha visto infinitas puestas de sol. y no, al final nada es lo que parece, ni lo que quiere ser, las ondas están para ser vistas y para ser oídas, y para navegar por ellas o dejar que muevan tus vísceras. es poco, es lo que tengo, es muy poco.

supongo que ya pasó el tiempo de los brotes, el momento exacto en el que o te rebelas o te queda el resquemor para siempre. el tiempo en el que se lucha por nada, y luego uno se rinde y se mece al fluir de la vida cómoda. ese tiempo pasó, como tantas cosas, a mi lado, y se fue sin rozarme.

y. da igual. idas, venidas. ¿quién se conoce lo suficiente?

hoy ha salido el sol. todos lo hemos visto. quiero pensar que no sería lo mismo si la semana pasada hubiera estado ahí.

alternancia. lujo o carga.

y yo qué sé. cuando sale el sol dejo de pensar.

lo bueno de guiarse a impulsos del corazón es que eso significa que tu corazón tiene todavía impulsos. no es mala cosa. máxime cuando lo único irreversible es una visita de aquella a la que dibujan como hermana de morfeo.

alternancia. castigo o virtud.

es poco. pero es lo que tengo. y es muy poco.

2008/04/08

vidas ajenas

2008/04/02

era pequeña, de voz aguda.

como se clava en la cara el aguanieve en un día de viento.

y a la vez el sol.

quizás el secreto es no quedarse indiferente.

quizás el secreto es seguir vivo.

y vivir uno su propia vida, no envidiar la de otros.

cuando él lo entendió, todo fue distinto.

lo cuento porque lo vi. y ahora soy yo el que envidia la vida de otros.

modo realidad on

2008/03/16

sí, es cierto, con el paso del tiempo he perdido continuidad, continuidad en escribir, en comentar, incluso en leer. sin tiempo para ojear sitios en el trabajo, y sin ganas cuando, cansada ya la vista, te metes en tu habitación con la capacidad de concentración, en mi caso ya bajo mínimos, en valores inferiores al cero absoluto.

y echo de menos todo esto, y veo que muchos de los que antes estábamos a diario nos hemos ido esfumando, o vamos y volvemos, todo esporádico, lo que un día fue casi un centro de atención hoy ni es centro ni le prestamos tanta atención. a veces es la vida real, la que te lleva y luego te impide acercarte, como en mi caso, otras simplemente te cansas de un juguete que ya has manejado demasiado, y prefieres compartir fotos, buscar otros espacios o jugar con otros elementos. o, simplemente, la moda pasó y estar a la última significa otra cosa.

pero yo lo que más echo de menos es el calor de la gente. el calor que luego, en muchos casos, se veía refrendado en las tres dimensiones. en cierto modo esto es una forma de comunicación bastante válida, porque son palabras y muchas de las veces ciertamentesinceras. me sorprendió, en su día, y aún hoy, en sus pequeños destellos, me sigue sorprendiendo.

mirar atrás con nostalgia, no obstante, es igual de estúpido que cuando miras viejas fotos, o recuerdas las canciones que oías cuando tenías quince años. por eso, día tras día, me hago el propósito de estar más tiempo por aquí, aunque luego el mundo real me pueda. pero los propósitos son eso, propósitos, y mientras existan existirá la posibilidad. entré en esto para practicar la escritura, y en realidad me encontré con relaciones muy humanas. mucho de lo mejor de los últimos años va ligado a este universo. y por eso pensar que forma parte del pasado me parece una reducción demasiado drástica, una limitación, una exclusión demasiado importante.

sí, las intenciones al final no cuentan, sólo cuentan los hechos, pero... cuando alguien tiene tan poca fuerza de voluntad como un servidor, es o las intenciones o nada. de momento me quedo con las intenciones. hasta el próximo arreón. hasta la próxima intermitencia.

sobre todo ahora que he descubierto que funciono a impulsos.

cristal

2008/02/25

podría mentirte y acariciarte con mis palabras, hacer un nudo en tu corazón para que no me olvides como tu imagen perdurará en mi quebrada memoria, podría ser, o no ser, podría fingir o aprender, y todo lo podría hacer, aunque a veces no pueda, no sepa, no deba.

y sin embargo sólo desearía no ser tan torpe. o aprender a no jugar con jarrones de cristal.

como los que silban

2008/02/13

como los que silban. quiero ser como los que silban, que se oyen, felices, notando el viento en su cara, rociándose de melodías recordadas o imaginadas, en un mundo cuyos colores provienen de una paleta propia en la que los grises y los ocres están prohibidos. como el sueño, como el sueño de una palabra que cuando la pronuncias suena como una cascada de agua fresca.

y mientras tanto, este aire sucio y alienante seca nuestras entrañas, nuestras mucosas, convirtiéndonos en seres de piedra sin casi darnos tiempo a reflexionar sobre ello.

quiero ser como los que silban, que nadie me pueda decir un día que mi propia culpa fue más grande que mi ilusión por vivir.

pero, y si lloviera. ay, si lloviera podría...

la zona quieta

2008/01/29

a veces parece que pasan mil cosas en un momento, como caen las gotas de lluvia en un chaparrón o arena arrastra una nueva ola, y a veces ocurre que todo parece estático como un cuadro que no se ha movido en quinientos años de la misma habitación. y lo raro es cuando ambas sensaciones se tienen a la vez, creando una dualidad en la que la mente se pierde y no sabe a dónde agarrarse puesto que quizás se mueva en la zona quieta o quizás se pare en la zona en movimiento.

la realidad es que todo es una zona quieta, y cuanto más te mueves, más constantemente quieta es.

todo lo que pasa tiende a poder repetirse. todo lo que se evita puede suceder, y todo lo que se ignora acaba estallando en la cara. y así perduran en el tiempo los amigos verdaderos, y oscilan apareciendo y desapareciendo los rostros que recuerdas de otros tiempos. todo contribuye a lo mismo, a saber que, por mucho que te muevas, estás en la zona quieta.

el mundo lleva siendo lo que es desde siempre. ha sufrido cambios climáticos, guerras, extinciones de especies y la locura de seres tan finitos como los humanos. y aún así creemos que nuestro movimiento afecta. somos electrones en una mastodóntica construcción de cemento. mosquitos a los pies de la pirámide de gizeh.

y mientras trato de acostumbrarme a la zona quieta, me doy cuenta de que todo se mueve rápido a mi alrededor, como los electrones en sus órbitas o los mosquitos en sus vuelos. me doy cuenta de que todo lo que aprenda es poco, y todo lo que haga por cualquier motivo es poco. mis errores, que me lastran como anclas de acero, también serán poco en algún momento, y aún así, merece la pena seguir en movimiento.

sé que a la zona quieta le da igual. lo cierto es que, a mí, no.